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Revista de Libros
No. 10  l  Diciembre 2006


Asterix
René Goscinny (texto)
Albert Uderzo (ilustraciones)

Por Jimena Gamba C.

Nuestra historia empieza un caluroso día de agosto. Corre el año de 1959. Para conmemorar el nacimiento de la revista Pilote, dos caricaturistas se “rompen el coco” buscando un héroe de historietas que represente al pueblo francés. Ocho años antes, cuando René Goscinny se integró a la agencia Word Press donde trabajaba Albert Uderzo, los dos amigos intuirían que grandes proyectos estaban por venir. La empatía fue tal, que, tiempo después, cuando Asterix ya le había dado la vuelta al mundo, a la pregunta de los fans sobre “¿quién era quién?”, (quién dibujaba y quién escribía) Goscinny respondía divertido: “yo soy el otro”.

Pero abandonemos esas viejas épocas, y situémonos en el año 2006 D.C. Podríamos suponer que en estos tiempos el término “conquista” está del todo devaluado. ¿Del todo? Quizás no. Por ello creemos que la lectura del pasado galo y la interpretación de la relación “conquistador - conquistado” propuesta por Albert y René, está vigente. En Asterix , el “orden” que naturalmente se establece entre un pueblo “salvaje” y uno “civilizado” que lo coloniza para hacerlo a su semejanza, se trastoca. No es gratuito que el adjetivo “bárbaro” (usado en tiempos de los romanos para designar al sujeto o pueblo excluido del imperio) se utilice indiscriminada y recurrentemente en el cómic como si se quisiese cuestionar su definición. ¿No cabría llamar “bárbaro” al legionario que con desmedida ambición por ascender en la escala de decuriones, centuriones, (¿miluriones?) y demás, (o bien de llegar a ser Cesar mismo) maquina traicionar o aniquilar a sus colegas? ¿Acaso no tienen el aspecto de “bárbaros” los consejeros del Cesar quienes, regordetes y decadentes, (como bien se pinta y muestra en Obelix y compañía ) sólo piensan en comer y beber? (a esta acusación de Cesar dirigida a sus colaboradores, despierta uno de ellos, preguntando: “¡ah!, ¿es que ya sirven? ¡¡¡Ja!!!). ¿Quiénes son los bárbaros entonces? ¿De qué lado está el mundo civilización y de qué lado restan los “salvajes”?. Estas preguntas son tan vigentes hoy en día como en esos remotos tiempos. Frente al águila imperial nuestros autores contraponen el gallo galo: dormilón, enclenque y olvidadizo, pero dicharachero y campechano. Frente a las maniobras del disciplinado ejército romano, su desordenada pero jovial, vital y efectiva táctica guerrera. Frente a un ideal de vida organizado, refinado y pulcro en donde no queda tiempo de perder el tiempo (véase La residencia de la dioses – los orígenes de la caverna saramaguiana –) nuestros galos abogan por una vida tranquila, rústica, bucólica y hasta ecológica (piénsese en el perro).

La “libertad” que un pueblo conquistado puede adquirir desde su condición oprimida, está medida, de una parte, por la conciencia crítica ejercida sobre la cultura del opresor, y de otra, por la posibilidad de burlársele y ridiculizarlo. Decía Shakespeare que alguien que había sido despojado de sus pertenencias, se robaba a sí mismo al lamentarse y le robaba algo al ladrón si podía reírse del hecho. Y eso es, de alguna manera, lo mismo que nos trasmiten los autores de Asterix ; piénsese en el cuadro de la entrega de las armas de Vercingétorix después de la derrota en Alesia: el jefe galo, gallardo y digno, lanza (literalmente) escudo y armas a los pies del Cesar, quien, adolorido, emite un “UHA” para luego alejarse dando brincos en un pie mientras se agarra el otro con las manos. ¿Que la historia no fue así? ¿Quién lo dice? Siendo laxos, la historia es como la contemos… El heroísmo de los personajes de la aldea gala no tiene que ver propiamente con la fuerza sobrehumana que les otorga la poción mágica de Panorámix, (ello, efectivamente, es imprescindible para que la aldea permanezca libre, pero no constituye un acto heroico en sí mismo). El heroísmo se da, más bien, en la manera aguda e ingeniosa como Asterix logra oponerse al Imperio. “Contra la fuerza utilicemos la fuerza” sugiere en un episodio un legionario romano. A ello, Asterix podría replicar: “¡Sí, la fuerza! ¡¡¡Pero también la crítica y el humor, por Tutatis!!!”.

 

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