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Revista de Libros
No. 10  l  Diciembre 2006


La tetralogía del monstruo
Enki Bilal

Por Javier Moreno

En el sueño hay un triángulo que a veces parece comprimirse y a veces parece caer. Eso es ahora. Hubo un tiempo cuando el triángulo era un punto, una habitación de hospital donde tres niños son bienvenidos al mundo con explosiones de guerra. Ahí se inicia la historia, como en un cuento, con tres huérfanos. De cada vertice del triángulo pende uno. Está Nike (anagrama de Enki), como los zapatos (los zapatos de su padre, muerto de un balazo mientras corre por Sniper Alley ), un hombre incapaz de olvidar, que repite como un mantra un « I remember » vacío. También está Amir, el futbolista, el soldado, el atún, el amante, el hijo de ese francotirador que dejó a Nike sin padre. El trío lo cierra Leyla, la menor de los tres, la que deja ir a su padre adoptivo, la encargada de guardar el misterioso secreto que oculta el Paraje del Águila. Nike, en esa cuna de hospital, prometió protegerlos por siempre. Él recuerda.

Tras el éxito de la Trilogía de Nikipol , su primer proyecto en solitario, e impulsado por la técnica pictorica de pasteles desbordados que adoptó durante el desarrollo de esta serie, Enki Bilal resolvió embarcarse en una nueva empresa que diera cuenta de su percepción de la guerra yugoeslava y la demolición de su país de nacimiento. Presentada originalmente como una trilogía, la Tetralogía del Monstruo llegó este año a su tercer volumen, Rendez-vous à Paris , traducido al castellano por Norma bajo el título de Cita en Paris . Las dos entregas anteriores son El sueño del monstruo y 32 de diciembre . La cuarta no tiene, por ahora, fecha de lanzamiento.

Inmersa en una atmósfera entre futurista y onírica, la historia es planteada como una búsqueda nostálgica: Nike quiere reunirse de nuevo con sus hermanos de desgracia. Su objetivo, sin embargo, es obstaculizado por una conspiración maquiavélica que lo involucra y que es dirigida por el filósofo, artista, psicópata y lider religioso Optus Warhole, una suerte de hidra humanoide que encabeza una organización empeñada en retornar la civilización al oscurantismo medieval.

Es dificil juzgar este trabajo de Bilal. El arte, fastuoso, detallado, alucinante, contrasta con la confusión que imponen los textos y la trama. Es dificil saber cuál es la pretención de Bilal: ¿una especie de comic lírico, acaso? ¿una alegoría privada? Perderse, en cambio, no es dificil: ¿Qué es real? ¿Qué ocurre? ¿Quién es un clon de quién? ¿Dónde ocurre todo esto? Muchas palabras, dicen algunos; ¿Dónde está la trama?, gritan otros.

Yo, sin embargo, le perdono todo eso a Bilal. Y lo hago, porque en su fragmentación y su absurdo, en su horror indescriptible de monstruos hechos de moscas rojas y las pesadillas de peces podridos y happenings-masacre, logra transmitirme la soledad que deja la guerra. A través de su comic-sueño extraño la vieja Sarajevo como si la conociera y me pregunto qué habrá sido de todos ellos, de todos esos niños. ¿Dónde andarán? Y claro, Bilal, además, es un eco más entre muchos otros: Hemon y sus Proneks exiliados y añorantes; los guerreros psicóticos de los comicumentales balcánicos de Joe Sacco; Kusturica y ese partido de fútbol sin final. Los ecos de una guerra nunca cesan, parecen decir todos al unísono, pero nadie escucha.

¿Qué ocurrirá cuando los tres huérfanos se reencuentren?, me pregunto hoy tras releer los tres volúmenes, y me respondo «Nada». Quiero decir, ¿por qué habría de cambiar el mundo porque un sólo triángulo, entre tantos, se cierre temporalmente sobre sí mismo? ¿Por qué Warhole, la encarnación absoluta del mal, debería detener su constante renacer en otros horrores, otros anagramas y otras pestes? ¿Por qué habríamos de olvidar que los obuses cayeron y los francotiradores eran implacables? La guerra persigue, la guerra no se agota, no cabrá en cuatro volúmenes como no cupo en tres. Bilal se detendrá, por supuesto, pero Nike nunca acabará de recordar.

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