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El futuro no es nuestro

Narradores de Latinoamérica

La mujer que me gusta llega tarde a la playa

Por Gabriela Bejerman

1.

La mujer que me gusta llega de noche a un hotel de una pequeña ciudad marítima. Baja, va al kiosco, compra una lata de coca, sube y desde el balcón ve una calle por la que ya pasa poca gente. Se prueba unas nuevas calzas con mar y palmeras fucsia. Al día siguiente está tomando agua de coco.


2.

La mujer que me gusta trabaja en una fábrica de osos de peluche en una pequeña ciudad marítima. De 7.30 a 6. Apenas sale va a la playa, corcovea en el mar, camina kilómetros ida y vuelta. Su barrio tiene antiguas plantas en flor y casas color pastel. Le gusta usar ropa ancha, pero se la distingue por sus reflejos en corto pelo castaño. Ve la novela nacional, prefiere salir, disfruta especialmente de la oscuridad.


3.

El martes a la tarde las dos mujeres que me gustan se cruzan por la playa. Una de las mujeres que me gusta se acerca a la otra y organiza el flirt de modo tal que la otra mujer que me gusta se presta al juego recordando que cortó con su novia porque era muy celosa.


4.

La mujer que me gusta consigue su cometido. Está besando (una fugacidad) a la mujer que le gusta. Yo estoy contenta por eso, a la otra mujer también le gusta. Las mujeres deben separarse, a una de las dos su ex la espera más allá surfando.


5.

La mujer que me gusta vuelve al hotel y encuentra en la guía telefónica la dirección de una fábrica de peluches. Marca la página, mezcla la pequeña guía entre los libros religiosos, vuelve a tomar agua de coco. Se le cae sobre la remera dos veces, se siente tonta pero se divierte pensando posibles encuentros con la mujer que podría localizar y le gusta. Mañana al mediodía la irá a buscar a un lugar que no conoce, tomará el ómnibus con la facilidad de una viajera empedernida. Mañana.


6.

La mujer que me gusta encuentra a la tarde, cuando vuelve de almorzar, un cartel en el reloj donde ella y sus 19 compañeras marcan tarjeta. Pero antes que ella lo vio su jefa que la llama a la oficina para pedirle explicaciones. En el aire acondicionado glacial ella parece muerta y congelada. La mujer que me gusta atina a pedir servilmente disculpas y ofrecer ojitos indefensos. La vieja bruja la perdona con desgano, sin bostezar, tensa como un perro guardián enano. La mujer que me gusta vuelve al galpón de trabajo pensando que esto podría hacer tambalear su situación en la fábrica, pero no tiene miedo, trabaja bien. A la noche comenta lo sucedido a su ex, con quien vive, lo cual va caldeando el terreno para algo que la mujer que me gusta no quiere precipitar pero su ex sí: el retorno, la reconciliación.



7.

La mujer que me gusta no logra ver al mediodía a la mujer que le gusta. Deja un cartel en el reloj y luego toma una excursión. Visita una ciudad. Saca fotos, bebe latas de cerveza en varias oportunidades. Compra chucherías tachando nombres de una lista escrita a mano, toma un barco turístico con gran resolución. En el ómnibus de vuelta muda ve el ovni del atardecer. Agradece a las vírgenes que recuerda con sonrisa cómplice, como si la estuvieran acompañando en este momento tan especial. Da vueltas por el pueblo pesquero durante dos horas esperando encontrar a la mujer que le gusta, pero ella no llega. Tampoco consigue un lugar donde pueda uno tomar café y fumar un cigarrillo al mismo tiempo. Refunfuña hasta quedarse dormida viendo televisión en la sala del hotel. Después despierta un poco como para volver a su habitación, desvestirse y darse una acariciada intermedia antes de yacer con peso máximo hasta mañana.


8.

Al otro día la mujer que me gusta recuerda la nota que dejó en la fábrica de muñecos de peluche. Busca excusas para no hacer absolutamente nada durante el día y cuando llega la hora se produce un poco para el posible encuentro. Toma el ómnibus hacia su barrio. Esta vez la encontrará. Sí, se encuentran. Permanecen en la playa besándose entre algas, juncos y, por qué no, estrellas de mar. ¡Qué bien me hace todo esto! Las mujeres que me gustan prometen encontrarse mañana pero no intercambian muchos datos más acerca de cómo ubicarse ni de quiénes son además de un cuerpo enamoradizo y cachondo.


9.

La mujer que me gusta suda desnuda destapada. Un espectáculo infantil que han tenido la mala idea de montar frente al hotel la despierta temprano. Maldice a los niños antes del desayuno. La mujer que me gusta espera nuevamente la hora. Al salir por la tarde no repara en el clima, sólo a tres cuadras piensa “podría haber traído el paraguas”. Cuando llega al mar llovizna. Deja que el frente de tormenta se acerque con una cola de cielo verde por detrás tronando. La empapa. Pero no encuentra a la mujer que busca, una pared de precipitaciones las separa. Espera que pase la gota gorda, sale a la plaza con esperanza, camina hacia el atardecer. Cuando cansada da la vuelta ve el arco iris entero. Sigue rumbo al arco de regreso. No ha encontrado a la mujer que le gusta pero el cielo hace ahora de sus hábitos una bebida poco corriente.


10.

La mujer que me gusta lo intenta otra vez. Pero hoy es sábado, la fábrica está cerrada. Sale la jefa mala con un marido mudo. Dice que hoy es sábado, la fábrica está cerrada y la mujer que me gusta no está. Le pregunta si anda sola de vacaciones y que dónde está su familia. Ella inventa rápido que está con las primas y sale a la playa. Atraviesa un barrio, trata de que un milagro ocurra: encontrarla. La marea está muy llena, se come todo lo que antes había de arena. La mujer que me gusta avanza rauda con pies descalzos mojados inundados.


11.

La mujer que me gusta sale a caminar por la playa. Ella y su ex están volviendo a la punta de piedras. En el camino una ha dicho cosas románticas que siempre funcionan. La mujer que me gusta piensa “y, bueno”. Restablece su vínculo suspendido, ¿porque vive, come y habla con ella todo el día sin parar? Porque alguien capitalizó la emoción de su nuevo romance. Le dice que si se encuentra con la mujer que conoció en la playa tendrá que darle una explicación.


12.

Las mujeres que me gustan se encuentran. Una de las mujeres que me gusta le dice a la otra que ahora no pueden irse juntas, que adoró estar con ella pero que ahora no da, no puede, es imposible, ni siquiera mañana, antes de que ella se vaya de la ciudad. La mujer que me gusta la mira sin llegar a especular con la idea de la histeria, prefiere localizar ahí un brillo leal. La mira fijo sin lograr borrar de la mujer que le gusta a su ex ex. Se le trasluce el amor que queda a pesar de que a cincuenta metros las mira la celosa, cautiva ya su presa predilecta.


13.

La mujer que me gusta le da un beso en la mejilla apretando “push” con un cachete indio y japonés. La presión destella. Las mujeres que me gustan emprenden caminos separados que nunca se han de volver a encontrar. Sin embargo las mujeres que me gustan tendrán muchos otros romances fugaces.

14.

El mar ha decidido rebajar la marea de a poco, esta tarde no hay arco iris en el mismo camino de vuelta. El ómnibus que toma hacia el hotel no es el que da toda la vuelta. Tarda apenas cinco minutos en volver. Pero el tiempo se ha quedado corto sólo porque ella llegó a la playa un par de horas tarde.

PiedePágina • 2008