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El futuro no es nuestro

Narradores de Latinoamérica

Polvo de estrella

Por Miguel Antonio Chávez

En cierto sentido todos somos, por el solo hecho
de nacer de mujer, hijos de la Chingada, hijos de Eva.

El laberinto de la soledad, Octavio Paz

raska indio de mierda deberian castrate
pake no naskan mas weones imbesiles como vo hijo de…

Comentario en www.youtube.com

1.

Lejos de sentirme frustrado por no poder vivir de mi gran afición, y más aún siendo una cultivada desde la clandestinidad, decidí ingeniarme maneras de robarle horas a mi oficina sin que se dieran cuenta y aprovecharme de la todopoderosa banda ancha (que en mi casa no había) para mis fines internautas más egoístas. Era claro que quería convertirme en pornógrafo; es decir, alguien experto en pornografía, y, con ello, no me refiero al pornostar o al masturbador-consumidor final sino al que reflexiona sobre este tipo de películas y sus innegables resonancias en la cultura y la sociedad. Como aquello le mencioné a Naief en uno de nuestros primeros emilios: qué epifanía más chida tuve anoche, güey, ¿te imaginas si el informante de los periodistas que destaparon el caso Watergate se hubiera llamado, no sé, Popeye o Campanita y no Garganta Profunda? ¿De qué otro modo esa peli hubiera podido llegar a tal nivel de celebridad, más allá del bizarro planteamiento del personaje de Linda Lovelace que tenía el clítoris en la garganta?

Naief fue desde el inicio muy preciso en sus guías, como cuando un lector experto le recomienda a un neófito sobre cierta obra o autor: “Quién sabe, Ecuador, quién sabe. Tarea para la casa: Tarzán-X, o su título en inglés Tarzhard o también Shame on Jane, dirigida por Joe D’Amato. Me cuentas luego”. Naief me llamaba por mi país de origen en respuesta a mi excesivo uso de las jergas mexicanas más clichés (que seguramente aprendí de las películas B del Caballo Rojas, de Alfonso Zayas o del enano Tun Tún, esas pelis que en los ochentas pasaban en señal abierta los sábados después de las diez de la noche), a las cuales yo recurría como un burdo ejercicio de mimesis para resultarle más agradable. Fue en una de mis tantas búsquedas, un día martes o miércoles que di por azar con la existencia y el mail de Naief a través de una web literaria mexicana. Unas aparentemente inocuas declaraciones en una entrevista (“me preocupé de decepcionar desde muy pronto a todos aquellos que tuvieron fe en mí. No me considero escritor, ahora me interesan otras cosas”) cobraron sentido luego, cuando en sus escritos empezó a firmar como “Naief G., escritor y experto en…”: no en filología, ni en lenguas muertas, ni en literatura inglesa en la Sorbona o en la Complutense, ni en ninguna de esas mariconadas de viejos impotentes. No: “escritor… y experto en pornografía” (!)

De no ser por la revelación que me despertó ese detalle, tan sutil pero poderoso, no me habría procurado de una pornoteca digna de un pornógrafo del primer mundo, y de cultivarme con ardor en los ensayos sobre el tema: Ron Jeremy vs. Kant: Crítica a la eyaculación pura; Cojo, luego existo; La influencia de Nietzsche en las penetraciones anales de John Holmes; Mayo del ‘69′; De lo platónico a lo hardcore en la relación de Batman y Robin; y muchos otros que poco a poco fui mostrándole a Naief.


Por su trabajo, él debía ir adonde lo enviaran a cubrir noticias. Vivió un tiempo en Nueva York y paradójicamente sintió que, a raíz de los atentados del 11-S, la ciudad más cosmopolita del mundo era también la más xenófoba hacia todo aquello que tuviera vestigios del mundo árabe; y él tenía, pues, inequívocamente esa ascendencia heredada de sus padres que emigraron al DF por los años cincuenta, la época de oro del cine mexicano.

Xenofobia y racismo hay en todos lados, le dije y le hablé del caso de muchos migrantes ecuatorianos en España, en su inmensa mayoría, indígenas. Cada vez los españoles les ponen más restricciones en los arriendos de los pisos, básicamente porque los acusan de ruidosos, de grotescos, de sudacas y todo lo que venga por añadidura, y además de que se hacinan infiltrando sin previo aviso, y a como dé lugar, al primo del cuñado del sobrino en segundo grado o a la hermana de la abuela de la madrina (por lo general, recién llegados que tuvieron la suerte de que en el aeropuerto de Barajas no los devolvieran en el primer avión a Quito como cajas de banano defectuosas o pollos con gripe aviar), o sea un “pague dos, vivan doce”. Exportamos bananas y como hobbie, inmigrantes ilegales… ¡La plata está botada, brother!, le dije, asociémonos, tú que eres la matriz de coyoterismo tex-mex, te llevo mi ganado hasta Honduras o Guatemala y de ahí tú te los jalas por tierra hasta la frontera en donde el gringo frijolero pinche puñetero de Bush tiene su fucking another brick in the Wall. “¡Cuando quieras, Ecuador! Bueno, ¿y al final viste Tarzán-X? ¡Qué propuesta actoral de Rocco Siffredi!: tú te la crees que es un Tarzán virginal e ingenuo que por el ser el único homínido en la selva, nunca había tenido contacto con hembra humana alguna hasta que llega la ardiente exploradora Jane, quien lo sorprende, le saca la boa adormecida dentro de su taparrabo y le da tremendas clases magistrales para que la use en ella: ¡qué guión, cabrón!”


2.

Pocos se lo imaginan pero “El Fuete” Quishpe, antes de cada embestida, se encierra en el camerino y le reza a su Virgen con la misma devoción que un torero haría con la suya. Oh Churona, protege a este hijo tuyo migrante, desterrado hijo de Eva, como todos los pecadores, en este valle de lágrimas. O también: Churona, haz crecer cada vez más mi fe y mi instrumento de trabajo. Y La Churona, como le dicen de cariño a la imagen de la Virgen del Cisne en su país, siempre lo escucha, desde su marco silencioso, falso pan de oro barroco, cuidadosamente ubicado de tal manera que no pierda visibilidad entre los cientos de flores que los asistentes de producción acomodan como pueden en el camerino de “El Fuete” Quishpe.

Ya sean de Gerona o de Valencia, sus admiradores, ecuatorianos migrantes en España como él, en el fondo solo se contentan con saber que su bouquet de flores le llegó y que al menos alcanzará a leer el nombre y alguna línea de la dedicatoria, que en ocasiones suelen incluir testimonios tan íntimos que podrían pasar por secretos de confesión. De hecho esta semana le han llegado cartas tan conmovedoras como la de un tímido agricultor residente en Murcia que cuando vivía en su natal Sigsig, enclavado en la cordillera central de Los Andes, no se levantaba ni a una beata de iglesia, pero que luego de ver los prodigios de su compatriota en Follando por un sueño y Pajas sudacas, ligó con la bella hija caucásica del capataz y le sacó un par de mellizos rubicundos.

Si él ha tenido el coraje, las agallas, los cojones, para plantarse desnudo frente a una cámara, piensan sus admiradores, si ha sido capaz de superar todos los vejámenes por los que pasa un migrante ilegal, hasta convertirse en un pornostar que somete con absoluto desenfado a verdaderas diosas ibéricas a punta de puro fuete viril del Tahuantinsuyo, ¡cómo no admitir que sus 29,4 centímetros tienen el poder de una vendetta histórica, de un ícono contracultural!

Así empezó el fenómeno mediático, la historia del self made man que antes de aparecer en las portadas de la prensa rosa española, estuvo en las de la roja, en su propio país. “Pos hombre, fueron errores cometidos por mi inmadurez y la pobreza en que vivía antes de venirme acá a Europa. Pero aun así creo que nunca debí llevarme esa vaca en medio de la noche, peor aun cuando no me había dado cuenta, por el hambre, que me estaba comiendo un burro… De ahí, sobre mi talento, la verdad no ha gustado hacer tanto alarde, pero lo que puedo deciros es que yo no me inyecto nada, ni tomo nada artificial, solo soy un bendecido de la Paccha Mama”.

Si algo se destaca de “El Fuete” Quishpe es su profesionalismo. Erecto desde la primera escena hasta la última (aún en los recesos). Sus críticos lo idolatran por su pasión casi animal y su deseo irrefrenable y conciente de dejar una impronta muy personal en sus películas, como si quisiera a través de eso darle una lección a aquellos que subestiman el potencial artístico del porno como un género cinematográfico capaz de crear atmósferas, más allá de los coitos sosos y gratuitos. Las precursoras del género, Behind the green door y Garganta profunda, y otras pornos como Calígula, monumental filme de época protagonizado por Malcolm McDowell y Peter O’Toole, animaron al chiquillo que solía pastorear ovejas en el páramo andino, a tomar el largo, sinuoso pero gratificante camino del cine de autor.

“Sí, bueno, todos hablan de la tradición, y eso está muy guay, pero si queréis saber en realidad por qué uso poncho, se os diré. No es por tradición, como lo hacen los indígenas que venden artesanías en Barcelona, sino para que mi polla pase inadvertida en medio de mi vida civil. En parte por haber sido un poco introvertido y también porque me enseñaron a respetar a mis mayores: no podía andar yo a mis quince o dieciséis cachondo por ahí, asustando a las pobres viejecitas de Vilcabamba, que será tierra de longevas, increíblemente longevas como no hay más en Ecuador, pero no de folladoras. Eso no. Habría sido terrible. Yo a este oficio le tengo mucho respeto y ética como para tolerar la gerofilia, la necrofilia y, peor aún, la pedofilia. Eso es para tíos enfermos, vamos, y yo soy sano, estoy en mis cabales”.

Aunque su cuerpo esté describiendo un misionero, un helicóptero, un talabartero, un sesenta ocho o sesenta y nueve, y su rostro acelerado gruña como degenerado salvaje, no debe olvidarse que “El Fuete” Quishpe es un hombre sensible y que aún en esas pesadas pero placenteras horas de trabajo, también piensa en aquellos que se esfuerzan como él por ser alguien en la Madre Patria. Con esto en mente y acaso literalizando un poco las cosas, se ha puesto a trabajar en el guión de La puta madre patria. Para el rodaje, se recreará las oficinas de un típico Consulado General de España en Ecuador, en donde “El Fuete” Quishpe personificará al ciudadano que se presenta esperanzado para que le den visa, pero al no obtenerla decide tentar a la lujuriosa cónsul con aquello que no puede resistirse. Luego, la cámara de vigilancia, al registrar su pasión, mete en aprietos a ambos y deciden fugarse para consumar otras aventuras mientras huyen de la policía, de Rodríguez Zapatero, y hasta de Bush.

Para el papel de la Puta Madre Patria se realizará un casting exhaustivo, de otro modo a los chavales no les prendería ponerla como fondo de pantalla en el ordenador. Hay que pensar en todo, hasta en la forma en cómo acabará “El Fuete” Quishpe: se ha considerado no recurrir a trucos de edición sino a una continuidad naturalista que se logrará a través de un esforzado celibato de setenta y dos horas por lo mínimo, que deberá tener la estrella para acumular reservas. “La gente piensa que uno se mete en esto para follar como conejo, nada más falso. En eso le admiro a Rocco Siffreddi, a quien conocí en una entrega de los premios AVA: no fuma, no bebe, ni dice malas palabras (solo las necesarias y solo durante su trabajo). Al parecer le caí bien porque me confesó su secreto para poder eyacular cinco veces al día durante un mes ininterrumpido de rodaje: ah, en esos días duros de gran demanda, proteína pura para el cazzo, caro amico, sempre, sempre diez claras de huevo batidas en el desayuno. Yo tomé nota. Uno nunca deja de aprender en la vida”.

3.

Ecuador, escribía Naief, chécate xxxchurch.com, no son curas ni monjas chingando (¿Ya te viste El decamerón X, con Sarah Young y Tania LaRiviere? Si te animas léete la obra original, del renacentista Bocaccio, que también se te para), es la idea de un pastor gringo para promover una liga anti porno a través de testimonios de ex productores y ex actores que hacen mea culpa de su “turbio pasado” y les dicen a los jovencitos que lleguen vírgenes al matrimonio. El activismo anti porno ha sido también utilizado para fines políticos, ofrecer limpieza moral a cambio de votos: ¡y pensar que en ese activismo anti porno terminó militando la grande, la diosa Linda Lovelace, la misma mujer que inspiró a generaciones!… Ah, y sobre tu pregunta de qué conozco yo de tu país, te diría que solo a Alex Aguinaga, el futbolista extranjero más grande de la década en México, y al puto pornógrafo amateur de Pablo Pardo, jajaja. ¡Yo que tú aprovecho que vives en un paraíso fiscal dolarizado y le propongo algo ipso facto a Rocco Siffredi y Ron Jeremy para que hagan allá un trío con tu paisana Lorena Bobbit!… Oye, ya que me preguntas, sácame de una duda: ¿cómo así los de tu selección de fútbol son prácticamente todos negros, y los migrantes todos indios? ¿Se pusieron de acuerdo o qué?).

Naief solo logró olvidar su malestar con la Gran Manzana porque tuvo tuvo la fortuna de presenciar en el Soho la bizarra exhibición de un puñado de cortometrajes proto-porno rodados al parecer en 1902 con el cinematógrafo de Edison, en donde aparecían miembros de la elite de Boston y Filadelfia con sus no menos refinadas mascotas que escuchaban pasajes bíblicos de Sodoma y Gomorra leídos por sus orgiásticos amos. “Me faltó tanto por ver que me habría quedado allá el resto de la semana y de mi vida, de no ser porque me toca cubrir una intrascendente cumbre iberoamericana de viceministros de Obras Públicas y Sanitarias, en Barcelona, ¿puedes creer? ¡Habiendo cosas mucho más importantes que hacer allá!”

Sin embargo, gracias a ese intempestivo viaje a la capital catalana -vagando por la rambla, en un bar para yonkis melancólicos retirados de los fiestas electrónicas de Ibiza, y luego de escaparse de una somnífera charla del viceministro de Surinam-, Naief conoció a Joanna Silvestri, actriz porno retirada y actual productora y directora, quien mientras encendía su tercer cigarro afirmó que tuvo el extraño lujo de haber salido con John Holmes y Roberto Bolaño, y poder hablar alternadamente y sin problemas con ellos de porno y de literatura (nunca especificó si hubo ménage à trois). No era buena para ocultar sus rostros de pena y por eso, le confesó a Naief, que sufría por algo incorpóreo, por un proyecto fallido, por esos dictámenes de nuestra intuición que deben ser escuchados, sino ya es demasiado tarde. “Él habría sido de lejos la estrella porno más grande de todos los tiempos”, le aseguró Joanna con voz ronca pero firme. “En la calle era un simple cargador de frutas en un mercado de abastos de Sant Gervasi, pero ante las cámaras se transformaba: tenía una visión tan clara acerca de su trabajo como actor. Él mismo eligió su nombre artístico (me consta, su polla golpeaba como un látigo implacable) y era muy profesional con las actrices, ellas estaban asombradas de lo rápido que él se había adaptado a todo, y solo porque tenía ese ángel le perdonaban su hedor. Sus dientes de oro brillaban en pantalla como las joyas kitsch de la era disco. El único ecuatoriano por el que literalmente estábamos dispuestas a rompernos el culo por trabajar. No sé si entiendes, en un país tan cabrón como el nuestro, en otras circunstancias, la simple suposición de tener siquiera contacto físico con un ilegal, con un paria, ¡es por demás surrealista!… Al principio dudé pero él tenía razón: las películas en sí venden fantasías, qué no decir de las de nuestro gremio. Leí una vez que en México las damas de la high fantasean con que sus amantes tengan puesto un pasamontañas como el del Subcomandante Marcos o una máscara del Santo, mientras se las follan; y bueno, yendo a nuestro caso, ¡qué fantasía más original y retorcida que dominar al patrón e invertir los papeles! ¿Te das cuenta por qué te digo que él era un genio? De haber tenido más suerte, quizá hasta Almodóvar o Medem lo hubieran audicionado, pero Migración ya le tenía el ojo puesto. Le dije, no regreses a tu barrio que te pueden pillar. Pero él me dijo algo de no sé qué imagen de no sé qué Virgen del Cisne, y que tenía que estar ahí porque la venían trayendo de Ecuador, en peregrinación por las ciudades más importantes de España para que la comunidad ecuatoriana la venere. ¡Vienes justo ahora con tu jodido folklore cuando corres peligro!, le dije pero no me hizo caso. (Por eso llegué a la conclusión de que no se requiere tanta ciencia para atrapar ilegales latinoamericanos: apenas ir a un partido de fútbol donde juegue su selección o a la peregrinación de una Virgen). Al día siguiente me descompuse al escuchar su voz entre jadeos desde el aeropuerto: me están golpeando, me están golpeando ¡y no es como en la escena sadomaso que inventé para el final de La puta madre patria: es peor, mucho peor!, me dijo el pobre, ¡me están tratando como a un jodido perro! Nada pude hacer yo, además tampoco podía sacar tanto los cueros, con dos cargos de tenencia ilegal y evasión tributaria desde el 99. Aún así fui al aeropuerto y logré, no me preguntes cómo, fisgonear en la sala donde le golpearon: un solitario diente de oro salpicado de sangre aguardaba en la esquina: era el suyo, segurísimo que era el suyo… ¿Me invitas otro trago? Esto no termina aquí, falta la parte dos y sabrás por qué en realidad estoy más apenada que la hostia”. Naief soltó unos euros a la barra sin quitar un ojo de Joanna Silvestri, quien lo dejaba cada vez más absorto. Ni el alucinante discurso bilingüe del viceministro paraguayo, en guaraní y español, sobre la instalación de tuberías de aguas servidas en las cataratas de Iguazú hubiera compensado las confesiones de esta cincuentona que le recordaba a Madame Collette, la dueña del burdel en Práprika, de Tinto Brass.

“Apenas alcanzamos a hacer unos cuantos cameos, un esbozo de todo lo que pensábamos grabar, no hubo tiempo para más. ¡Él también me sugirió hasta la banda sonora! Decía que un primo suyo cantaba tecnofolklore andino y que quería darle una mano. Me parecía una idea distinta, la típica musicalización funky de las pornos yanquis ya no me dicen nada”. Encendió otro cigarro y continuó.

4.

Todavía no me repongo de lo que vi en el Youtube. Fue un banquete demasiado freak aún para un pornógrafo como yo. Para cuando se cargó el link, el video ya había sido visto siquiera por un millón doscientas mil personas en el mundo. Un millón doscientas mil personas que no solo presenciaron antes que yo a ese indio de un metro sesenta y cinco y de verga kilométrica sino que bombardearon el video con comentarios; algunos navegantes básicamente extranjeros, con gran envidia para mí, esbozaron agudas reflexiones sobre el porno y sus límites morales con más o menos apertura. Los otros -ecuatorianos en su inmensa mayoría, se podía evidenciar- se desbandaron y vertieron sin piedad todo su arsenal de saña: “Una vergüenza para los ecuatorianos… ¡capaz que ni un mes tienes que haber estado en España y ya hablas como español! Te hubieras quedado sembrando papas en Murcia, cabrón de mierda”; “qué te has creído, indio asqueroso, venir a mostrar tu picha sin circuncidar, qué asco, pobre chica, tiene que haberle caído lepra o gangrena”; “esa música, por dios, esa música: ¡hasta en eso valen verga los que hicieron eso!”; “ni en quinientos años se me parará con algo tan horroroso”; “¿un indio culeando? Qué es eso, National Geographic?!”, y las notas de prensa escrita que hicieron eco del escándalo en la web. Comenzaron a investigar y se volvió ya un asunto de prensa rosa, ¿quién era “El Fuete” Quishpe?, ¿era real? La prensa venía toda la semana investigando un caso grande de corrupción en la Corte Suprema de Justicia y de pronto todo se volcó hacia él, “no es por ser racista pero ¿por qué este indio hijueputa culea con un poncho donde está bordado nuestro tricolor nacional? ¿qué se ha creído?”, “aberrante, no sabía que a las españolitas les gustaba la zoofilia”, la Iglesia, las Ligas de Censura y Decencia Nacional y hasta las Confederaciones Indígenas armaron una cacería de brujas: los dos primeros porque era la muestra más atroz del resquebrajamiento de los prístinos valores morales y un pésimo ejemplo para la juventud, y los últimos porque repudiaban el comportamiento de su hermano de raza, además de que también repudiaban a todos aquellos cara-pálida inicuos que decían sentir vergüenza de él no por el acto sexual -ideado seguramente por algún esclavista blanco- sino por el hecho de ser indígena, “a los hermanos del mundo, no crean que todos los ecuatorianos somos así, ese malnacido no nos representa!”; “deberían castrarte para que no nazcan más huevones imbéciles como vos, hijo de puta”; “bah, no creo que esa huevadota sea de él, es un doble, ¡se ve clarito!”; o cosas como: “¿¡a quién coño se le ocurrió subir este vídeo para quemarlo vivo!?”, quizá nunca se sepa pero “El Fuete” Quishpe, con lo profesional que es, hace oídos sordos a las críticas (y a la amenazas de muerte por azote con hojas de ortiga, según le impone una vieja tradición preincaica) y se concentra en el trabajo. Aprovechará la amplia y variada geografía del Ecuador para plantear un porno más paisajístico, y si consigue algún mecenas, quizá se anime a adaptar el clásico mundial Huasipungo. La sangre llama.

PiedePágina • 2008